
La Central Termoeléctrica 240 de Río Turbio permanece fuera de funcionamiento y mantiene inutilizada una capacidad de generación de hasta 240 megavatios, en un contexto en el que Santa Cruz enfrenta desafíos para garantizar el abastecimiento energético y el país continúa sosteniendo los costos asociados a una infraestructura que no está produciendo.
El responsable operativo de la central, licenciado Gustavo Maresu, explicó que la usina cumple tres funciones estratégicas: generar energía mediante sus dos módulos, actuar como Punto de Inyección de Energía para las localidades de 28 de Noviembre e YCRT y funcionar como nexo entre el Sistema Argentino de Interconexión (SADI) y la empresa.
Sin embargo, actualmente la central no genera electricidad. La demanda de 28 de Noviembre e YCRT, que alcanza aproximadamente los 10 MW durante los horarios de mayor consumo, es abastecida por la usina de 21 MW.
Cuando la Central 240 estuvo operativa llegó a generar alrededor de 50 MW, con capacidad para cubrir una parte importante de la demanda eléctrica de la provincia.
Una región al final del interconectado
Maresu explicó que una de las principales dificultades estructurales de la zona está vinculada con su ubicación dentro del sistema eléctrico nacional. “Estamos al final de la línea”, señaló. Desde Bahía Blanca hasta Santa Cruz existe una única línea de transmisión, por lo que cualquier inconveniente registrado a lo largo del recorrido puede repercutir directamente en el suministro de la región sur.
“Falla en Esperanza y fallamos todos”, graficó el responsable operativo al describir la vulnerabilidad del sistema. En este escenario, la disponibilidad de generación local resulta estratégica, especialmente durante los períodos en los que se realizan tareas de mantenimiento sobre la línea de alta tensión.
Falta de especialistas y dificultades técnicas
El regreso de la Central 240 a la generación no depende únicamente de la adquisición de repuestos. Entre los principales obstáculos aparecen la falta de personal especializado y la complejidad de los sistemas de control.
Uno de los puntos críticos son los sistemas PLC, utilizados para controlar distintos procesos de la central. Los paneles fueron programados por empresas extranjeras que conservan las licencias correspondientes.
Cuando esas licencias vencen, los sistemas pueden quedar bloqueados. A esto se suma que las empresas contratistas que intervinieron en la central en 2015 y 2023 no habrían dejado suficiente capacitación al personal local, generando un déficit de conocimiento técnico.
Otro de los trabajos pendientes es la revisión de aproximadamente 3.000 instrumentos correspondientes a la unidad 1. Cada uno debe ser revisado, calibrado y certificado por personal especializado.
La tarea requiere, además, la intervención coordinada de distintas empresas internacionales. Para poner en funcionamiento determinados sistemas de la caldera se necesita la asistencia de técnicos de Foster Wheeler, mientras que otros equipos requieren especialistas de Siemens, entre otras compañías.
Maresu detalló que un especialista de Foster Wheeler puede cobrar entre 200 y 300 dólares por hora y que la contratación debe organizarse con varios meses de anticipación.
La importancia de la usina de 21 MW
Mientras la Central 240 permanece detenida, la usina de 21 MW cumple un papel fundamental para garantizar el suministro de Río Turbio e YCRT. Su importancia se vuelve especialmente visible durante los mantenimientos de la línea de alta tensión, debido a que la Central 240 no puede operar de manera independiente en determinadas condiciones por su mínimo técnico de generación.
Por eso, la generación local continúa siendo considerada una herramienta clave para reducir la vulnerabilidad energética de la Cuenca Carbonífera.